20 de febreiro de 2018

El Mito de los 6 Millones



Joaquín Bochaca
El Mito de los 6 Millones (1978)

Na nossa sociedade ocidental há poucos dogmas, hoje em dia. Quase todos são de extracção recente, nascidos por imposição do pensamento único e policiados por uma minoria ululante contra a maioria letárgica, acobardada no seu silêncio.
Tempos houve em que apenas existia um dogma: o Holocausto com agá maiúsculo, o facto histórico acima de qualquer escrutínio, plasmado na lei como verdade absoluta. Actualmente, muitos países que se consideram “democráticos” (este número tem vindo a aumentar), têm penas de prisão previstas para quem questionar a versão oficial da História, seja por dissidência, seja por fazer perguntas inconvenientes. Entre eles, recordemos: Alemanha, Áustria, Bélgica, Eslováquia, França, Hungria, Liechtenstein, Lituânia, Países Baixos, Polónia, Portugal, República Checa, Roménia, Suíça e, claro, Israel (a lista é incompleta, refere sobretudo os países europeus, não por acaso quase todos “sob ocupação” da União Europeia).
O dogma é um ponto basilar de uma religião. Com o Holocausto os paralelismos são evidentes: existem os mártires, os sacerdotes, os livros sagrados, as vias-sacras da peregrinação, as esmolas (neste caso verdadeiras fortunas, a pretexto de indemnizações), o templo onde arde a chama eterna, o dia santo de guarda, e a liturgia quotidiana sempre presente recordando-nos a nossa natureza pecadora. E, transformado em religião, o Holocausto é passível de uma de duas escolhas: ou se acredita, ou não.
O autor de El Mito de los 6 Millones está entre os não-crentes, como é óbvio; e, mais ainda, sustenta que o mito se baseia em alegações absurdas e mentiras grosseiras, que atentam contra a inteligência das pessoas normais. Como não quero correr o risco de transcrever aqui uma passagem negacionista (no fim de contas é crime), opto por citar um excerto onde se evidencia a natureza mitómana do “povo eleito”. Suponho que isto ainda não foi proibido...

Más irónico es todavía que los más absurdos relatos de exterminios masivos aparezcan en la literatura talmúdica judía y en el Antiguo Testamento. He aquí algunos ejemplos de ello: Adriano, cónsul romano en Egipto en el año 200, exterminó a la población judía de Alejandría, según el Talmud, o le causó importantes bajas según modernos historiadores. Ahora bien: el Talmud afirma que el número de judíos exterminados en Alejandría fue de 1.200.000, cuando según cualquier historiador solvente la población de aquella ciudad en tal época no pasaba de los 500.000, y en ella los judíos sólo eran una relativamente importante minoría.
Digna de mención es, también, la revuelta de Bar-Kochba, un judío que se declaró Mesías en el siglo II de la Era Cristiana, y se sublevó contra los romanos. Aún cuando la población judía de Palestina era, en aquél entonces, de unos 500.000 habitantes, el Talmud asegura que el ejército de Bar-Kochba se componía de 200.000 soldados. Esto es sencillamente imposible; pero sigamos. Bar-Kochba abandonó Jerusalén y se hizo fuerte en la ciudad amurallada de Bethar, pero la ciudad fue tomada por los romanos tras un asedio tremendo y toda la población de Bethar asesinada. Esta es al menos la versión oficial judía. En todas las historias de Roma que hemos podido consultar, desde la de Gibbon hasta la de Mommsen, el episodio de la toma de Bethar se le da una importancia mínima, y tengamos en cuenta que en la batalla de Cannas hubo unos setenta mil muertos y en la cuenta de Zama —tal vez la victoria más importante de Roma en su lucha con Cartago— setenta mil. Rarísimo, pues, que historiadores de la talla de los citados omitan mencionar la toma de Bethar como una gran victoria... pues gran victoria debía ser capturar una plaza defendida por 200.000 guerreros a los que hubo que exterminar en su totalidad. Esto parece casi milagroso que haya sido unánimemente omitido por la totalidad de los historiadores. Mas milagroso aún parece que en la pequeña plaza fuerte de Bethar pudieran cobijarse nada menos que 200.000 guerreros, si tenemos en cuenta que las dimensiones eran de 600 metros de profundidad por doscientos de anchura, según fuentes judaicas de indiscutible calidad. Si la aritmética, no miente, para albergar a 200.000 guerreros, con sus lanzas y corazas, y suponemos que sus escuadrones de caballería, en un rectángulo de 120.000 metros cuadrados, seria preciso distribuirlos de manera que tocaran a... 0,6 metros cuadrados por guerrero. Estamos por creer que la guarnición de Bethar no murió a causa del ardor bélico de los romanos sino de claustrofobia y asfixia. Y, no obstante, las citadas fuentes judías, insisten en que la lucha fue épica y la resistencia heroica. El mismo Bar-Kochba, era tan fuerte y tan ágil que cogía al vuelo las piedras arrojadas por las catapultas romanas y las devolvía de un sólo movimiento al campo de origen. Debieron transcurrir dieciocho siglos para que una tal proeza fuera repetida por Popeye tras ingurgitar apresuradamente una ración de espinacas.
Para terminar con el abracadabrante episodio de la toma de Bethar, muy seriamente relatado, con pelos y señales, por el Talmud, mencionaremos que el número de judíos exterminados por los romanos, queremos suponer que ya no en Bethar, sino en el resto de Palestina, fue de... ¡40 millones! Repetimos: Cuarenta millones. Y para ilustrarnos sobre la verosimilitud de la cifra, se asegura que la sangre de los judíos exterminados llegaba hasta los belfos de los caballos romanos y se perdía, como un río, en el mar, cuyas aguas teñía en una extensión de seis kilómetros.

Li anteriormente:
El Enigma Capitalista (1977)
Los Crímenes de los «Buenos» (1982)

15 de febreiro de 2018

El Año del Diluvio


Eduardo Mendoza
El Año del Diluvio (1992)

El Año del Diluvio conta uma história de amor impossível entre uma freira, sor Consuelo e um rico proprietário, don Augusto Aixelá. A freira, recém-nomeada Madre Superiora num hospital de província em vias de cerrar portas, pretende reconverter a instituição num asilo para velhos; quando os pedidos de financiamento da obra são recusados, decide dirigir-se à quinta de Augusto Aixelá em busca do donativo. O enredo dá algumas voltas, e sor Consuelo acabará por obter o financiamento, embora não do modo que esperava; também não verá a inauguração da obra, porque, como acontece frequentemente com os religiosos, será transferida para outro lugar. No final do livro, no final da sua vida, trinta anos volvidos, o destino voltará a levá-la a Bassora – a aldeia agora transformada em cidade – onde procura revisitar os lugares e as memórias do que aconteceu naquele ano de chuvas torrenciais. Por norma, este tipo de confrontos nunca é confortável: «os tempos mudam, as ilusões desvanecem-se, as pessoas morrem, só as montanhas permanecem», resume um dos seus pensamentos.

A escasos metros del refugio se veían hombres correr encogidos y ovillarse tras las peñas. Los pájaros habían interrumpido su festín mañanero y reinaba un silencio tenso y medroso en la montaña. Recostado contra el quicio de la puerta, el bandido empuñó el fusil ametrallador y gritó: ¡Dispare! Al mismo tiempo cargó el peso del cuerpo contra la hoja de la puerta y saltó fuera del refugio disparando ráfagas. Sor Consuelo se asomó a la ventana y también disparó; el retroceso del arma estuvo a punto de arrancársela de las manos; la asió con más fuerza e hizo otros dos disparos mientras pensaba: ¿Cómo voy a ser monja si hago todo lo que me dicen los hombres? Fuera volvió a tabletear la metralleta del bandido. La monja se echó al suelo y oyó una descarga cerrada; una nube de proyectiles pasó silbando sobre su cabeza y reventó la pared opuesta a la ventana. Cuando se restableció el silencio abrió los ojos y levantó la cabeza. A través de la espesa nube de polvo que invadía el refugio distinguió la silueta tambaleante del bandolero en el vano de la puerta. Soltó la pistola y acudió a sujetarlo, pero no pudo impedir que se desplomara. Se arrodilló a su lado y colocó la cabeza del herido sobre sus rodillas a modo de almohada. ¿Te han dado?, le preguntó, pero la respuesta era obvia, porque el bandolero yacía en un charco de sangre y su voz era casi inaudible. No ha servido de nada nuestra estratagema, siseó. Sor Consuelo buscaba un trapo con el que taponar las hemorragias. Déjelo, hermana, dijo el bandolero, y déme la mano: no quiero morir solo. No te morirás, hombre, dentro de nada traerán la penicilina, dijo ella; de todos modos, agregó, no estaría de más que hicieras un acto de contrición.
El bandido movió la cabeza y respondió: No, hermana, yo no me arrepiento de nada; a lo sumo, de no haber hecho más daño cuando tuve ocasión: odio a la sociedad y odio a los hombres; moriría contento si supiera que después de mi muerte vendrán más inundaciones y terremotos, incendios y epidemias; deseo que haya guerras, exterminios y matanzas, que imperen el crimen y la desolación; los hombres no merecen paz ni misericordia, y Dios tampoco. Maldito sea el mundo y quien lo creó. Retira ahora mismo esto que acabas de decir, dijo la monja, es absurdo irse al infierno por resentimiento. El bandolero clavó los ojos en sor Consuelo, su mirada era vidriosa, murmuró: Yo no creo en el infierno, ni tampoco en el cielo; y si existen, me da igual: no quiero saber nada de un sistema que premia a los hipócritas y condena a los desesperados. El refugio se había llenado de hombres que encañonaban a la pareja con sus mosquetones. Bajen las armas, les dijo sor Consuelo, este hombre está muerto y yo soy inofensiva.

Li anteriormente:
El Enredo de la Bolsa y la Vida (2012)
La Aventura del Tocador de Señoras (2001)
El Laberinto de las Aceitunas (1982)

12 de febreiro de 2018

A Terra Oca

Raymond Bernard
A Terra Oca (1964)

Não é à primeira tentativa que se encontra informação sobre Raymond Bernard; o mais provável é depararmo-nos com o cineasta judeu francês. Este Raymond Bernard – ou Raymond W. Bernard –, Walter Siegmeister de seu verdadeiro nome, é outro judeu, estado-unidense de origem russa, escritor esotérico, praticante de medicina alternativa (estes dois temas predominam na sua extensa bibliografia), que também editou sob o nome Uriel Adriana. Movido pelos seus interesses pessoais, terá percorrido uma boa parte dos países da Ibero-América. Quanto a este livro, The Hollow Earth, publicado no ano anterior ao da sua morte, é baseado num seu outro livro, Flying Saucers from the Earth's Interior, e regressa à teoria da Terra Oca, descartada pela ciência desde finais do séc. XVIII, que tem como maior óbice o modo como se verifica a propagação das ondas sísmicas.
O principal argumento, na defesa da teoria suportada por este livro, é o testemunho do contra-almirante Richard E. Byrd, da marinha dos EUA, que em 1947 e 1956 teria sobrevoado as regiões polares árcticas e antárcticas, e penetrado em vários milhares de quilómetros na extensão interior da Terra, através de aberturas que a ela conduzem, existentes nessas regiões – um testemunho que não foi obtido directamente, mas pela transcrição e interpretação de algumas frases a si atribuídas, transcritas dos jornais da época, por sua vez citadas das rádio-transmissões. Dos membros das expedições de Byrd, falecido em 1957, que poderiam confirmar o testemunho, apenas um é referido de passagem pelo seu nome. Entretanto, Raymond Bernard acrescenta à equação o avistamento de discos voadores, atribuindo a sua origem à civilização avançada que, supostamente, existirá no continente interior, e denuncia a supressão da informação, atribuída ao poder governamental, interessado em guardar para si o segredo, com o fito de afastar possíveis competidores à conquista deste novo mundo. Recorre igualmente a relatos, lendas, outros livros e documentos que defendem a existência dessa terra, muitos deles ultrapassados tanto pelo estado do conhecimento actual, como até pelo de 1964, quando o livro deu à estampa.
Algumas das referências contidas em Le Roi du Monde, de René Guénon, também aqui são nomeadas, como seria de esperar. Contudo, ao contrário do plano simbólico e espiritual onde se coloca esse livro, este The Hollow Earth, move-se no plano puramente material da realidade física, assente sobre conclusões apressadas e desejos tomados como factos comprovados. E, como a cereja no topo do bolo, veicula uma mensagem mais que subliminar em prol do pacifismo e de um governo mundial. A Terra Oca deve ser lido como uma obra de ficção; como tal, é possível extrair dela algum interesse.

Uma das provas principais de que a Terra é oca é que é mais quente perto dos pólos. Se pode ser mostrado, citando aqueles que mais longe se aventuraram em direção aos supostos pólos, que é mais quente, que a vegetação mostra mais a vida, que a caça é mais abundante do que mais longe para o sul, então temos um direito razoável de asseverar que o calor vem do interior da Terra, uma vez que este parece ser o único lugar de onde ele pode vir. Em A Última Viagem do Capitão Hall, lemos: “Achamos esta região bem mais quente do que esperávamos, livre de neve e gelo. Achamos uma região onde a vida é abundante, com focas, gansos, patos, bois almiscarados, coelhos, lobos, raposas, ursos, perdizes, roedores etc.” (Ele está falando do norte distante.)
Nansen chama atenção especial para o calor, e diz: “Devemos quase imaginar-nos em casa.” Este é um dos pontos mais ao norte já alcançado por alguém, e, todavia, o clima é ameno e agradável.
Será observado que estes ventos extremamente fortes do interior da Terra não somente elevam consideravelmente a temperatura na vizinhança do oceano Ártico, mas influenciam até à distância de seiscentos e cinqüenta quilômetros. Nada poderia elevar a temperatura de tal maneira exceto uma tempestade vinda do interior da Terra.
Greely diz: “Certamente esta presença de pássaros, flores e feras é uma saudação por parte da natureza ao nosso novo lar”. Será que isto soa como se ele tivesse esperado achar tais coisas lá, ou que a sua presença era uma ocorrência de todos os dias? Não. Foi escrito num tom de surpresa. De que lugar vieram estes pássaros e caças. Ao sul, por quilômetros, “a terra estava coberta de neve perpétua – em muitos lugares com milhares de metros de profundidade. Eles foram achados naquela localização no verão; e como era mais quente para o norte não é provável que fossem para um clima mais frio no inverno. Eles parecem passar para o interior da Terra. Certas aves da Austrália deixam aquele continente em setembro e ninguém foi jamais capaz de descobrir para onde vão. Minha teoria é de que passam para o interior da Terra, pelo Pólo Sul.

8 de febreiro de 2018

El Rey del Mundo

René Guénon
El Rey del Mundo (1927)

Não fossem as inúmeras referências de Julius Evola a René Guénon, dificilmente teria chegado à obra deste autor, com quem partilha uma visão profundamente crítica da modernidade. Os excertos já lidos deixavam adivinhar que Le Roi du Monde se posiciona como uma contribuição complementar ao pensamento tradicional defendido por Evola – ou talvez seja ao contrário porque, na verdade, Guénon nasceu uns anos antes do italiano, se bem que pertençam à mesma geração. René Guénon analisa neste livro o mito/lenda de Agartha e Shambala, acerca de um centro espiritual geograficamente oculto ou inacessível, presente em diferentes culturas como reflexo de uma grande tradição primitiva comum. Partindo, sobretudo, dos escritos de Ferdinand Ossendowski e Saint-Yves d’Alveydre publicados no início do séc. XX, na sequência de viagens à Ásia onde recolheram presencialmente esse tipo de testemunhos, René Guénon insere depois esses dados num quadro mais vasto, confrontando-os com outras variantes em diferentes culturas, anotando esses paralelismos e dando a sua própria interpretação.

En Europa, todo lazo instituido conscientemente con el centro por medio de organizaciones regulares está roto actualmente, y ello es así desde hace varios siglos; además, esta ruptura no se realizó de un solo golpe, sino en varias fases sucesivas. La primera de estas fases se remonta al comienzo del siglo XIV; lo que ya hemos dicho en otro lugar de las Órdenes de Caballería puede hacer comprender que uno de sus papeles principales era el de asegurar una comunicación entre Oriente y Occidente, comunicación de la que es posible comprender el verdadero alcance si se observa que el centro del que hablamos aquí siempre ha sido descrito, al menos en lo que concierne a los tiempos históricos, como situado del lado de Oriente. Sin embargo, tras la destrucción de la Orden del Temple, el Rosacrucianismo, o a lo que se debía dar este nombre por continuidad, siguió asegurando el mismo lazo, aunque de una manera más disimulada. El Renacimiento y la Reforma marcaron una nueva fase crítica y, por último, según lo que parece indicar Saint-Yves, la ruptura completa habría coincidido con los tratados de Westfalia, que en 1648 terminaron con la Guerra de los Treinta Años. Ahora bien, es digno de hacer notar que varios autores hayan afirmado precisamente que, poco después de la Guerra de los Treinta Años, los verdaderos Rosacruces hayan abandonado Europa para retirarse a Asia; y recordaremos, a propósito de esto, que los Adeptos Rosacruz eran doce, como los miembros del círculo más interno de Agarttha, y en conformidad con la constitución común a tantos centros espirituales formados a imagen de este centro supremo.
A partir de esta última época, el depósito del conocimiento iniciático efectivo no está guardado por ninguna organización occidental; también Swedenborg declara que es de ahora en adelante entre los sabios del Tíbet y de Tartaria donde hay que buscar la palabra perdida; y, por su parte, Anna Catherina Emmerich tiene la visión de un lugar misterioso que llama la «Montaña de los Profetas», y que la sitúa en las mismas regiones. Añadamos que fue de informaciones fragmentarias que Mme. Blavatsky pudo recoger sobre este tema, sin comprender, por otro lado, verdaderamente su significado, de donde nació en ella la idea de la Gran Logia Blanca, que nosotros podríamos llamar no ya una imagen, sino simplemente una caricatura o una parodia imaginaria de Agarttha.

30 de xaneiro de 2018

El Libro de Arena

Jorge Luis Borges
El Libro de Arena (1975)

El libro de arena é outra antologia de contos de Jorge Luis Borges. Integram-na 13 contos e um Epílogo no qual o autor diz, com alguma razão, que prologar contos ainda não lidos é uma tarefa impossível, porque leva à análise de enredos que não convém antecipar, e assim justifica a sua opção por este desfecho.
O imaginário destes contos não se afasta muito dos livros anteriores, dir-se-ia que há uma certa insistência em temas insólitos. Destacam-se talvez o primeiro conto, El otro, onde o autor se encontra consigo próprio quando jovem; El Congreso, a história de uma organização que pretende representar o mundo inteiro, e procura reunir a informação necessária a esse fim, mas sucumbe perante o gigantismo do propósito; There are more things, às voltas com uma casa estranha, entre o fantástico e o suspense, dedicada a H. P. Lovecraft; Utopía de un hombre que está cansado, a descrição de um futuro inesperado, e El libro de arena, acerca de um velho livro de qualidades mágicas, infinito, que o possuidor acaba por reconhecer como monstruoso e do qual se quer desfazer a todo o custo. O excerto que se segue é de There are more things.

Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca. Esas profundas reflexiones resultaron inútiles; tras de consagrar la tarde al estudio de Schopenhauer o de Royce, yo rondaba, noche tras noche, por los caminos de tierra que cercan la Casa Colorada. Algunas veces divisé arriba una luz muy blanca; otras creí oír un gemido. Así hasta el diecinueve de enero.
Fue uno de esos días de Buenos Aires en el que el hombre se siente no sólo maltratado y ultrajado por el verano, sino hasta envilecido. Serían las once de la noche cuando se desplomó la tormenta. Primero el viento sur y después el agua a raudales. Erré buscando un árbol. A la brusca luz de un relámpago me hallé a unos pasos de la verja. No sé si con temor o con esperanza probé el portón. Inesperadamente, cedió. Avancé empujado por la tormenta. El cielo y la tierra me conminaban. También la puerta de la casa estaba a medio abrir. Una racha de lluvia me azotó la cara y entré.
Adentro habían levantado las baldosas y pisé pasto desgreñado. Un olor dulce y nauseabundo penetraba la casa. A izquierda o a derecha, no sé muy bien, tropecé con una rampa de piedra. Apresuradamente subí. Casi sin proponérmelo hice girar la llave de la luz.
El comedor y la biblioteca de mis recuerdos eran ahora, derribada la pared medianera, una sola gran pieza desmantelada, con uno que otro mueble. No trataré de describirlos, porque no estoy seguro de haberlos visto, pese a la despiadada luz blanca. Me explicaré. Para ver una cosa hay que comprenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones y partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o de un vehículo? El salvaje no puede percibir la biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos.

Li anteriormente:
El Informe de Brodie (1970)
Ficciones (1944/1956)
El Aleph (1949/1952)

21 de xaneiro de 2018

Os Irmãos Karamázovi

Fiodor Dostoievski
Os Irmãos Karamázovi (1881)

Os Irmãos Karamazov (grafado também Karamazoff, ou Karamázovi nesta edição – justificado pela tradutora com o plural russo de um nome) foi o último romance de Dostoievski. O autor sempre se mostrou interessado pelos dilemas morais, pela análise dos comportamentos sob uma perspectiva filosófica, pela voragem da autodestruição de alguns dos seus personagens. Não será por isso de admirar que esses elementos surjam também nesta obra, talvez até com uma intensidade superior comparativamente a livros anteriores. Há mesmo uma questão que atravessa esta obra, que se encontra formulada do seguinte modo: «Mas então, que se tornará o homem, sem Deus e sem imortalidade? Tudo é permitido, por conseqüência, tudo é lícito?» Os Irmãos Karamazov é um livro premonitório da indigência moral originada no niilismo novecentista, e é possível que, poucas décadas volvidas, o estalinismo se tenha reconhecido no retrato, dado que decidiu qualificar como “perigosa” a obra de Dostoievski...
Como personagens principais estão Fiódor Karamázov, um rico proprietário, velho devasso de mau carácter, pai de três filhos em dois casamentos – Dimítri, Ivã e Alieksiéi. Dimítri, o mais velho, oficial militar, é impulsivo e expansivo, enquanto Dimítri, quatro anos mais novo, é frio e racional, influenciado pelas “novas ideias”. Já Alieksiéi, o mais jovem, com o seu percurso monástico, dá o pretexto para um enfoque religioso como ainda não se me tinha deparado em Dostoievski, fazendo lembrar Tolstoi, apesar das grandes diferenças entre os dois escritores. Entre as personagens secundárias destacam-se Grúchenhka, uma mulher desonrada pela qual Dimítri deixa a sua noiva – que é também cobiçada pelo pai Karamázov, donde nasce o ciúme que motivará o parricídio, tema dominante de todo o livro – e Catarina Ivânovna, noiva de Dimítri, uma mulher da alta sociedade que, com a sucessão de acontecimentos, toma atitudes erráticas e quase indecifráveis.
Esta edição da brasileira Abril Cultural tem tradução de Natália Nunes e Oscar Mendes; a primeira é portuguesa e terá feito a tradução a partir do espanhol (outras fontes indicam o inglês), quanto ao segundo... “traduziu-o” para “brasileiro”.

Eis o que penso dos religiosos. Enganar-me-ei talvez, será presunção minha? Olhai os leigos e esse mundo que se ergue acima do povo cristão: não alterou ele a imagem de Deus e sua verdade? Têm a ciência, mas somente a ciência sujeita aos sentidos. Quanto ao mundo espiritual, a metade superior do ser humano, rejeitam-no, banem-no alegremente, mesmo com ódio. O mundo proclamou a liberdade, sobretudo nestes derradeiros anos, e que representa ela? Nada mais senão a escravidão e o suicídio! Porque o mundo diz: «Tu tens necessidades, satisfá-las, porque possuis os mesmos direitos que os grandes e os ricos. Não temas satisfazê-las, aumenta-as mesmo». Eis o que se ensina atualmente. Tal é a concepção deles de liberdade. E que resulta desse direito de aumentar as necessidades? Entre os ricos, a solidão e o suicídio espiritual; entre os pobres, a inveja e o crime, porque se conferiram direitos, mas ainda não se indicaram os meios de satisfazer as necessidades. Assegura-se que o mundo, abreviando as distâncias, transmitindo o pensamento pelos ares, unir-se-á sempre cada vez mais, que a fraternidade reinará. Ai! Não acrediteis nessa união dos homens. Concebendo a liberdade como o aumento das necessidades e sua pronta satisfação, alteram-lhes a natureza, porque fazem nascer neles uma multidão de desejos insensatos, de hábitos e imaginações absurdos. Não vivem senão para invejar-se mutuamente, para a sensualidade e a ostentação. Dar jantares, viajar, possuir carruagens, cargos, lacaios, passa tudo como uma necessidade à qual se sacrifica até sua vida, sua honra e o amor à humanidade, matar-se-ão mesmo, na impossibilidade de satisfazê-la. O mesmo ocorre entre aqueles que são ricos; quanto aos pobres, a insatisfação das necessidades e a inveja são no momento afogadas na embriaguez. Mas em breve, em lugar de vinho, embriagar-se-ão de sangue, é o fim para que os conduzem. Dizei-me se tal homem é livre. Um «campeão da idéia» contava-me que, estando na prisão, privaram-no de fumo e que essa privação lhe foi tão penosa que quase traiu sua idéia para obtê-lo. Ora, esse indivíduo pretendia lutar pela humanidade. De que pode ser ele capaz? Quando muito dum esforço momentâneo, que não sustentará por muito tempo. Nada de admirar que os homens tenham encontrado sua servitude em lugar da liberdade, e que em lugar de servir à fraternidade e à união, tenham caído na desunião e na solidão, como mo dizia outrora meu visitante misterioso e mestre. De modo que a idéia do devotamento à humanidade, da fraternidade e da solidariedade desaparece gradualmente do mundo; na realidade, acolhem-na mesmo com derrisão, porque como desfazer-se de seus hábitos, aonde irá aquele prisioneiro das necessidades inumeráveis que ele próprio inventou? Na solidão, preocupa-se muito pouco com a coletividade. Afinal de contas, os bens materiais aumentaram e a alegria diminuiu.
Bem diferente é o caminho do religioso. Zombam da obediência, do jejum, da oração, entretanto é a única via que conduz à verdadeira liberdade; suprimo as necessidades supérfluas, domo e flagelo pela obediência minha vontade egoísta e orgulhosa, chego assim, com a ajuda de Deus, à liberdade do espírito e com ela à alegria espiritual! Qual dentre eles é mais capaz de exaltar uma grande idéia, de pôr-se a seu serviço, o rico isolado ou o religioso liberto da tirania dos hábitos? Censura-se ao religioso o seu isolamento: «Tu te retiraste para um mosteiro para cuidar de tua salvação, e desertaste a causa fraternal da humanidade». Mas vejamos quem serve mais à fraternidade. Porque o isolamento está do lado deles e não do nosso, mas eles não o notam. Foi do nosso meio que saíram outrora os homens de ação do povo. Por que não será assim em nossos dias? Esses jejuadores e esses taciturnos mansos e humildes se erguerão para servir a uma nobre causa. É o povo quem salvará a Rússia. O mosteiro russo sempre esteve com o povo. Se o povo é isolado, nós também o somos. Ele partilha de nossa fé e um político incréu jamais fará nada na Rússia, seja embora sincero e genial. Lembrai-vos disso. O povo derrubará o ateu e a Rússia será unificada na ortodoxia. Preservai o povo e velai pelo seu coração. Instruí-o na paz. Eis vossa missão de religiosos, porque esse povo traz Deus em si.

Li anteriormente:
O Eterno Marido (1870)
O Idiota (1869)
O Jogador (1867)

23 de decembro de 2017

La Cara Oculta de la ONU

Michel Schooyans
La Cara Oculta de la ONU (2001)

Michel Schooyans, de nacionalidade belga, doutorado em filosofia e teologia, professor universitário, sacerdote e membro da Academia Pontifícia de Ciências Sociais do Vaticano tem uma vasta obra publicada no campo da filosofia política. Não sendo uma personalidade situada nas margens (o então cardeal Joseph Ratzinger prefaciou uma das suas obras em 1997) é notável que, num tempo em que muita da hierarquia católica não se terá ainda apercebido do verdadeiro cariz da ONU – ou receará afrontá-la, a avaliar pelo seu silêncio –, Michel Schooyans tenha aqui alertado, já lá vão quase 20 anos, para os poderes e os objectivos que se ocultam sob uma aparência benigna dessa organização. Publicado originalmente em inglês em 2001, sob o título The Hidden Face of the United Nations, esta é a versão em língua espanhola, editada no México no ano seguinte, e agora oferecida na própria página do autor, após algumas dificuldades na divulgação do livro ao longo dos anos seguintes.
Considerava Michel Schooyans que a ONU se havia deslocado, 50 anos depois da sua fundação, do foco inicial nos direitos humanos e na democracia, para uma organização empenhada na engenharia social ao serviço de um novo totalitarismo. Se as suas conclusões se revelam certeiras, a análise dos precedentes parece demasiado condescendente; foi por isso uma surpresa, como leitor, constatar que Schooyans aceita sem pestanejar as bases fundacionais da ONU: o antropocentrismo, que considera uma tradição histórica, mesmo na própria Igreja. Estou convencido que neste ponto particular há um qualquer enviesamento: a Igreja sempre foi teocêntrica, pelo menos até um passado recente; e é sabido que o Papa Pio XII não nutria qualquer simpatia sobre a Declaração Universal dos Direitos do Homem, pela qual Schooyans tem tão alta consideração, pois considerava-a, com razão, infecta de jacobinismo; foi mesmo preciso esperar mais de uma década, até ao pontificado seguinte, para João XXIII subscrever a declaração, numa versão católica. Schooyans poderá queixar-se de uma deriva ideológica, mas não será ela o florescer lógico de uma sementeira daninha?
Michel Schooyans denuncia o papel da ONU na tentativa de se arvorar a um poder supranacional, ganhando predomínio sobre legislações nacionais, reduzindo a soberania das nações a uma função residual, excedendo cada vez mais o seu mandato, numa concentração de poder sem precedentes. A chamada busca do “consenso” que suporta este tipo de medidas não significa uma adesão de nações e povos a princípios-base e a valores comuns, mas decisões que configuram a tirania da maioria rumo a um governo mundial, que será implementado pelo suborno, chantagem, ou pela força se necessário. Para esse objectivo contribuem a imposição do Tribunal Penal Internacional, o acosso das ONGs, os “novos direitos humanos”, o aborto, a homossexualidade e respectiva adopção parental, as “famílias” de “modelos” múltiplos, a eutanásia, a ideologia de género, tendo já entreaberto as portas à pedofilia. Apresenta-se assim como um novo absolutismo iluminado, alicerçado no relativismo, no cientificismo darwinista, no holismo new age, que visa não só revogar os direitos humanos originalmente proclamados em 1948, como também redefinir o Direito (os capítulos XI a XIV, que analisam a concepção jurídica de Hans Kelsen, adoptada pela ONU, são particularmente preocupantes). E, por fim, fomentar uma nova religião mundial, pois a globalização exige também o domínio da consciência individual.
Na terceira parte do livro, Schooyans afirma que esta deriva ideológica da ONU, por inconsistente e antinatural está destinada ao fracasso, com o contributo da oposição firme da Igreja e dos católicos. Diz textualmente no capítulo XVIII: «A Igreja tem um serviço urgente a prestar à comunidade humana: chamar a sua atenção sobre os desvios da ONU. A sua valentia não deixará de despertar os restantes valentes.» Seria interessante saber o que ele pensa sobre isso, agora que se passaram quase 20 anos sobre a publicação e as posições da ONU têm saído fortalecidas, enquanto a Igreja permanece muda. Tanto mais que, com o pontificado de Bergoglio, muitos católicos consideram que o cheiro a enxofre invadiu já o próprio Vaticano...
A face oculta da ONU não será assim tão oculta, pois a sua actividade está publicada e ao alcance de quem a quiser ler, revelando a agenda que lhe está subjacente; uma agenda nem sempre óbvia para quem acompanha nos media as medidas avulsas e espaçadas no tempo, pouco escrutinadas e explicadas por quem teria a obrigação de o fazer. A missão de paz e segurança da ONU (a tal aparência benigna a um olhar superficial), serve agora uma lógica malthusiana e internacionalista da hidra renascida, mais tenebrosa que nunca. A sua segurança destina-se a proteger a nova ordem mundial da elite globalista, e a sua paz será a paz dos cemitérios.

La nueva concepción de los derechos humanos se origina en una concepción reductora del hombre. El clima hiperliberal actual lleva al individualismo, al paroxismo. Estamos viviendo una revolución antropológica: el hombre ya no es una persona, un ser abierto a los demás y a la trascendencia; ahora es un individuo, condenado a buscarse verdades, a buscarse una ética. Es una unidad de fuerza, de interés y de disfrute.
Esta antropología fundamentalmente materialista, traerá como resultado una concepción puramente empírica de los valores. Ya no podría haber lugar para normas morales objetivas, comunes a todos los hombres; ya no habría valores que se impusieran al hombre porque son deseables en si. Ya no es posible, por ejemplo, inclinarse ante la dignidad de todo hombre, sea el que sea. De ahora en adelante, los nuevos valores, que Gérard-François Dumont denomina valores invertidos, provienen de cálculos utilitarios regulados por consenso. Estos valores invertidos se manifiestan en la frecuencia de las elecciones que se observa entre los individuos. Los valores son en última instancia lo que provoca placer a los individuos. Ahora bien, estos valores no pueden hacer otra cosa que dividir a los hombres, porque por mimetismo yo desearé lo que el otro desea. Así pues, este concepto del valor, a final de cuentas no solo resulta destructivo para el tejido social, sino que también constituye los prolegómenos de una nueva barbarie.
Con semejante concepción del hombre y de los valores, los derechos humanos terminan por ser reducidos a un catálogo movible de reivindicaciones puntuales de los individuos, se obtienen por consensos sucesivos y son reflejo de una aritmética de los intereses. Dado que ya no hay valores objetivos, y que de todas maneras la razón no es capaz de conocerlos, el valor en su concepción invertida resulta, a final de cuentas, lo que satisface las pasiones del hombre. En resumen, el derecho fundamental del hombre es el derecho de satisfacer sus pasiones individuales, y esto es lo que deberá ratificar el derecho positivo.
La felicidad no depende ya del bien común, puesto que ya no existe más que el bien particular. Estamos en el punto opuesto del humanismo tradicional, que sostiene que la felicidad depende del bien común, gracias al cual la Ciudad atenta a la justicia general, y se esfuerza por ofrecer a todos y cada uno de sus miembros las mejores condiciones de realización personal. Con la ruina de la universalidad de los derechos humanos, la felicidad ha quedado limitada a ser el residuo del placer, e incluso de los placeres individuales.

10 de decembro de 2017

Revolta na «Bounty»

John Barrow
Revolta na «Bounty» (1831)
The Eventful History of the Mutiny and Piratical Seizure of H.M.S. Bounty (1831)

Quando um livro tem na capa a frase «texto integral» não consigo ultrapassar a desconfiança, e esta edição da Europa-América confirmou as minhas suspeitas. Procurei o texto inglês – é fácil encontrá-lo, pois caiu no domínio público há muito tempo – e os problemas começaram logo na primeira página; decidi então fazer uma leitura simultânea e comparada das duas versões.
A «Nota do Editor» da versão portuguesa não corresponde ao «Prefácio» da edição original de 1831 – mas isso seria um mal menor. O primeiro capítulo, no original, faz um resumo das viagens dos navegadores ingleses aos Mares do Sul na segunda metade do séc. XVIII, sobretudo à ilha de Otaheité (ou Taiti), como introdução à narrativa; descreve o contacto com os indígenas, o seu carácter e os costumes, tal como os encontraram Samuel Wallis e James Cook, e termina na comparação com o seu estado lamentável à data deste livro, pelo qual o autor responsabiliza a influência dos missionários. Assim se preenchem cerca de 40 páginas que a versão da Europa-América omite completamente, pois inicia-se no capítulo II. O título dos capítulos foi alterado; o resumo dos capítulos, ao início de cada um deles, sob a numeração, apenas se encontra no índice do original, num texto mais sucinto e completamente diferente. Os próprios capítulos são depois seccionados e subintitulados segundo os pontos do resumo, o que não acontece na versão inglesa; também os parágrafos mais longos são divididos. Tudo isto denota uma tendência para a simplificação do texto por parte do editor e da tradutora, ou, em alternativa, do texto que lhes serviu de original; a tradução terá sido feita a partir do francês, dado que uma referência às «Ladrone Islands», no texto inglês, é dada nesta edição como «Ilhas dos Larrons» (a sua designação em francês), quando poderia ter sido traduzida por «Ilhas dos Ladrões» – o nome português pelo qual as Ilhas Marianas eram inicialmente conhecidas.
É de lamentar, também, a eliminação de inúmeras notas de rodapé do autor – nomeadamente uma, de grande extensão, onde se faz a comparação da viagem da chalupa de Bligh com outros casos aparentados, e se descreve a viagem do português Diogo Botelho Pereira, no séc. XVI, a bordo de uma minúscula fusta, entre a Índia e Lisboa –, que resultam no empobrecimento da obra. Mais ainda, a quase totalidade dos poemas transcritos ao longo do livro (com destaque para Lord Byron e Nessy Heywood – irmã de Peter Heywood, aspirante na Bounty e personagem central deste livro) foram pura e simplesmente suprimidos, pelo que esta estranha junção de um processo jurídico com excertos de poesia romântica, perde-se completamente. Por fim, no último capítulo, dedicado à ilha de Pitcairn, onde a Bounty encontrou o seu destino em 1790, a tradução termina abruptamente, após fazer a história dos últimos nove amotinados, saltando directamente para a «Conclusão», omitindo mais de uma trintena de páginas onde se descreve em pormenor as condições de vida e qualidades da pequena sociedade fixada na referida ilha, ao longo das décadas seguintes; uma sociedade modelar, profundamente religiosa e pacífica, segundo o testemunho registado por alguns dos ocasionais visitantes, como os capitães Beechey (em 1825) e Waldegrave (em 1830), sobre a qual pairava uma única ameaça – a importação e influência de ideias vindas do exterior. Suprimida foi também uma «Nota Complementar» de nove páginas, no final do livro. Entre omissões e inexactidões, a fidelidade ao texto original e a fluência da tradução poderia ser considerada bastante satisfatória, não fosse este corte à socapa de 25 a 30 por cento do texto da edição original. Se a ideia era dar uma versão condensada, numa edição de preço acessível, o leitor devia ser avisado do facto, e não ludibriado com a chancela «texto integral»...
Quanto à história do motim, o livro de John Barrow foi o primeiro a dar um relato completo do evento, conhecido até então por excertos e referências, entre as quais se destacava o poema The Island (1823) de Lord Byron, aqui frequentemente citado (mas geralmente ignorado nesta edição E-A). Desde então muitos outros escritores e escrevinhadores, bem como a indústria cinematográfica, glosaram e romantizaram este tema apetitoso de homens ocidentais que voltam costas à sua civilização e às suas obrigações para rumar a um autêntico paraíso terrestre, onde homens e mulheres viviam na mais feliz inocência (mas que não durou muito – nem para os amotinados, nem para os ilhéus).
A missão da Bounty era transportar rebentos da árvore-do-pão desde o Taiti até às Antilhas, para introduzir esta cultura, que estava na base da alimentação dos taitianos, nas ilhas atlânticas. A viagem durou dez meses; dada a impossibilidade de passagem pelo Cabo Horne houve necessidade de fazer um desvio pelo Cabo da Boa Esperança, mas decorreu sem outros contratempos de monta. O veleiro permaneceu ancorado cerca de seis meses e, poucos dias depois de iniciar o regresso, estalou a revolta, liderada pelo imediato Fletcher Christian. O tenente William Bligh, que comandava a Bounty, e outros dezassete marinheiros, foram colocados pelos amotinados numa chalupa e abandonados no mar alto, mas conseguiram concluir, à custa de um enorme sofrimento, uma viagem de 41 dias e mais de 3600 milhas náuticas que os levou até Coupang, na costa de Timor, onde encontraram auxílio. Daí rumaram a Batávia, nas Índias Holandesas e regressaram a Londres. Bligh foi promovido pelo Almirantado e encarregado de retomar a missão destinada à Bounty, que cumpriu com êxito. Simultaneamente, foi designada a fragata Pandora para se dirigir ao Taiti e trazer os amotinados à justiça; reuniu 14 dos 25 revoltosos, mas o navio naufragou e só dez chegaram a julgamento em tribunal marcial, em Portsmouth.
Em lugar do livro de aventuras que se poderia supor, para quem já conhecia a história pelas adaptações, este Revolta na «Bounty» é conduzido, maioritariamente, como um inquérito, citando fontes e testemunhas, confrontando documentos contraditórios, tentando perceber motivações e consequências, e fazer luz sobre um caso cujos contornos careciam de nitidez.

É a mais de um título digno de nota o facto de o comandante da Pandora fazer tão pouca referência aos revoltosos. Reproduziremos agora um outro relatório, da autoria, segundo toda a verosimilhança, do tenente Corner, terceiro-oficial da Pandora, acerca de cuja autenticidade não restam dúvidas. Confirma, de maneira retumbante, que o capitão Edwards era pessoa desprovida da mais normal humanidade.
"Três homens da Bounty – Coleman, Norman e M’Intosh – foram libertados dos ferros e mandados para as bombas. Os outros ofereceram os seus préstimos e suplicaram que lhes dessem possibilidade de salvarem a vida, mas em lugar de os atender, o comandante mandou colocar duas sentinelas suplementares sobre a cobertura da prisão com ordem de abater o primeiro que tentasse livrar-se das grilhetas. Não vendo a mínima possibilidade de escaparem à horrível sorte que os esperava, os presos começaram a orar e prepararam-se para enfrentar o seu destino. Todos esperavam que, de um momento para o outro, o navio se fizesse em bocados, pois o leme e parte do cadaste já tinham sido arrancados."
O navio naufragou e não se pouparam esforços para salvar a tripulação, mas o relato atribuído ao tenente Corner precisa:
"Ninguém se preocupou com os presos, ao contrário do que escreve o autor da Pandora's Voyage, embora Mr. Heywood suplicasse ao capitão Edwards que tivesse piedade deles, quando este passou sobre a cobertura do compartimento para se atirar ao mar. Já então o navio adornara sobre o flanco e tinha o lado de bombordo da frente inteiramente submerso. Por felicidade, o mestre de armas, acidental ou voluntariamente, deixou cair as chaves dos ferros pelo alçapão de entrada, que entreabrira ao passar para se lançar por sua vez à água. Eis como os presos iniciaram a sua própria libertação. Ajudou-os quase imediatamente o generoso segundo-contramestre, William Moulter, que, com grande perigo de vida, se agarrou às braçolas e moveu as compridas barras que prendiam a vigia, gritando: "Ou vos liberto, ou vou para o fundo convosco!"
"Não era sem tempo: mal abrira a vigia, o navio afundou-se e ficaram apenas de fora as pontas do mastro grande. O mestre de armas e as sentinelas afundaram-se com ele e nunca mais foram vistos. Era apavorante ouvir os gritos e as súplicas dos que se afogavam! Decorreu mais de meia hora até os sobreviventes serem recolhidos pelas embarcações. Mr. Stewart, John Sumner, Richard Skinner e Henry Hillbrant afogaram-se, todos com as mãos ainda imobilizadas pelas algemas.
"Mr. Heywood foi um dos três últimos a saírem da prisão, onde a água já entrara pelo alçapão. Saltou para o mar, agarrou-se a uma prancha e dirigiu-se a nado para uma pequena ilha arenosa à flor da água, a três boas milhas de distância. Um escaler recolheu-o no caminho, praticamente nu. James Morrison tentou seguir o exemplo do seu jovem companheiro e, embora com as mãos ainda presas pelas algemas, conseguiu manter-se à superfície até ser recolhido."
À primeira vista, esta narrativa parece, evidentemente, incrível. É certo que os homens são, às vezes, surpreendidos a comportar-se como monstros, mas em momentos em que os cega um ódio louco. Aqui, nem isso acontecia. A sorte dos infelizes prisioneiros devia, pelo contrário, impressionar a piedade e os sentimentos humanitários do seu carcereiro.
No relato feito pelo médico de bordo consta que, logo que se soltaram as escoras, os cabos, as capoeiras das galinhas e todos os objectos susceptíveis de flutuar, "os prisioneiros foram, por ordem, libertos dos ferros." Sim, gostaríamos muito de saber que oficiais, em tão crítica situação, se resignariam a ser testemunhas de tamanha crueldade sem se rebelarem contra a manutenção a ferros daqueles desgraçados, ante a evidência de o navio estar prestes a afundar-se! Mas ver-se-á mais adiante, graças às declarações de Mr. Heywood, que os cativos ficaram encarcerados na «Boceta de Pandora» e que não houve exagero no comportamento ignóbil atribuído ao capitão Edwards.
É um momento apavorante aquele em que um navio adorna pela última vez antes de se afundar! Quando a Pandora submergiu, o médico diz que "a equipagem mal teve tempo de se lançar ao mar e de soltar um tremendo grito de pavor. O mais horrível, a princípio, foram os brados dos que se afogavam, mas à medida que se afundavam e perdiam consciência, os gritos extinguiram-se progressivamente."

18 de novembro de 2017

Minha Luta

Adolf Hitler
Minha Luta (1925-1928)

O célebre Mein Kampf, esteve oficialmente fora de circulação por 70 anos. Quando voltou ao prelo, veio acrescentado de uma enormidade de notas de rodapé, para «fazer o contraditório»; a edição do Instituto de História Contemporânea de Munique acrescentou-lhe cerca de 5000 – um cuidado que não é tomado na publicação de outras obras consideradas extremistas. Entretanto, os críticos relembraram quanto a obra é enfadonha, mal escrita e pouco clara. Demasiado empenho com um livro que «não presta», dir-se-ia...
A qualidade da escrita é uma questão premente; no entanto, é preciso ter em consideração a história das traduções do livro para inglês, as quais se tornaram na fonte de outras traduções, devido à inacessibilidade em língua alemã. A primeira tradução foi feita em 1933, pelo britânico Edgar Dugdale, motivada pela chegada de Hitler ao poder, mas cobre menos de metade do texto original. Em 1936, o próprio governo alemão decidiu patrocinar uma nova tradução, a cargo de James Murphy, outro britânico, que entrou em desacordo com os contratantes e abandonou a tarefa em 1938; os alemães terminaram a tradução por sua conta e publicaram-na no final dessa década. É a designada edição Satalag, de muito má qualidade. Até 1939 surgiram mais quatro novas versões. Regressado a Inglaterra, James Murphy reviu e completou a sua tradução, que foi publicada em 1939; esta versão foi reeditada várias vezes e é a mais difundida na internet.
Também uma equipa liderada por Alvin Johnson efectuou uma tradução, publicada pela Reynal & Hitchcock, hostil ao conteúdo do livro e ao nacional-socialismo. Outra editora estado-unidense, Stackpole and Sons, produziu uma versão dirigida por William Soskin e Ludwig Lore, dois judeus, mas foi retirada, depois de um processo por infracção dos direitos de autor.
Entretanto a casa Houghton-Mifflin, que editara a versão de Dugdale, decidiu publicar uma nova tradução, mais completa, por Ralph Manheim, com introdução do jornalista Konrad Heiden, dois judeus alemães. É, sem surpresa, uma versão descaradamente hostil, publicada em 1943, e que se tornou na tradução «oficial», citada por académicos e jornalistas.
Como muitos alemães da época, Adolf Hitler escrevia com orações longas, em parágrafos extensos e complexos. Temos assim duas traduções – a de Murphy e a de Manheim – que se agarram em demasia a esse estilo, com prejuízo do leitor. Pior ainda, o esforço de tradução é pobre, e redunda por vezes em frases difíceis, incoerentes ou incompreensíveis, onde se perde a fluidez do original alemão. Murphy toma frequentemente «liberdades de tradução» que resultam em termos e expressões injustificadas, quando não deixa de fora frases completas. Manheim, mais literal, não é por isso mais inteligível. À excepção da de Murphy, todas as outras traduções contêm comentários hostis, que comprometem a imparcialidade do trabalho dos tradutores. Daqui se poderá concluir que as traduções foram propositadamente desfocadas para dificultar a leitura. Resta mencionar a recente tradução de Thomas Dalton, que se propôs restaurar o texto original, sem enviesamentos. Apesar de tudo, Minha Luta não deixa de ser um documento histórico de grande importância, para entender o primeiro quartel do século no contexto centro-europeu, e uma oportunidade rara de testemunhar o pensamento, antes da chegada ao poder, de um dos homens mais influentes do seu tempo.
O livro surgiu originalmente em duas partes; a primeira, de 1925, subintitulada «Retrospectiva», é maioritariamente autobiográfica e versa sobretudo a juventude do autor: da sua permanência em Viena, elabora uma análise minuciosa às condições políticas e sociais do império austro-húngaro nos primeiros anos do século XX; depois, a chegada a Munique, o combate nas trincheiras na Grande Guerra e, por fim, a análise exaustiva das causas da derrocada alemã no desfecho do conflito, servem de pretexto para um extenso enquadramento e análise que lhe permitem apresentar o pano de fundo para a sua opção política, que acabou por desaguar – quase por acaso – num partido recém-criado, que se viria a transformar no NSDAP. Em 1928 foi publicada a segunda parte, «Movimento Nacional-Socialista», na qual Adolf Hitler sistematiza o seu pensamento político; os cinco capítulos iniciais, mais do que um autêntico programa de governo, tratam da doutrina para uma ordem nova, propondo uma revolução de mentalidades e a construção de uma nova sociedade. Depois retoma a narrativa histórica no ponto em que terminara a primeira parte, em 1920, para descrever a ascensão triunfal do partido na sociedade alemã, a génese das SA, e outras questões relativas à natureza da organização e da estratégia partidária, que vai intercalando com mais análise e doutrina política.
Nas edições posteriores o livro adquiriu a forma definitiva. As vendas de Mein Kampf, inicialmente modestas, foram crescendo ao longo dos anos como uma bola de neve. Do milhão e meio de cópias vendido em 1933, passou a mais de 10 milhões em 1943, com tradução em 16 línguas. Mesmo depois da sua proibição, em países ditos «democráticos», o Mein Kampf continuou a ser editado em Inglaterra e EUA (onde vende mais de 15 mil exemplares ao ano) e, em edições não autorizadas, um pouco por todo o mundo (como no Brasil, onde a edição da Centauro é considerada a melhor em língua portuguesa), acompanhadas de um cortejo de protestos e de medidas repressivas. Já nos países árabes e da Ásia, livres dos constrangimentos dos tribunais bávaros, a obra foi um imenso sucesso, tendo há muito ultrapassado os 125.000 exemplares na Índia, ou os 100.00 durante os poucos meses em que esteve à venda, em 2005, na Turquia. Mesmo hoje em dia, depois de ter caído no domínio público, em 1 de Janeiro de 2016, a impressão do livro continua a ser impedida pelo quadro legal de muitas «democracias», a começar pela Alemanha. E percebe-se a razão...

O que mais que tudo e com mais insistência me fazia refletir no exame do parlamentarismo era a falta evidente de qualquer responsabilidade individual dos seus membros. O Parlamento toma qualquer decisão — mesmo as de conseqüências mais funestas — e ninguém é por ela responsável, nem é chamado a prestar contas.
Pode-se, porventura, falar em responsabilidade, quando, após um colapso sem precedentes, o governo pede demissão, quando a coalizão se modifica, ou mesmo o Parlamento se dissolve?
Poderá, por acaso, uma maioria hesitante de homens ser jamais responsabilizada?
[...]
Negando a autoridade do indivíduo e substituindo-a pela soma da massa presente em qualquer tempo, o princípio parlamentar do consentimento da maioria peca contra o princípio básico da aristocracia da natureza; e, sob esse ponto de vista, o conceito do princípio parlamentar sobre a nobreza nada têm a ver com a decadência atual de nossa alta sociedade.
Para um leitor de jornais judeus é difícil imaginar os males que a instituição do controle democrático pelo parlamento ocasiona, a não ser que ele tenha aprendido a pensar e a examinar o assunto com independência. Ela é a causa principal da incrível dominação de toda a vida política justamente pelos elementos de menos valor. Quanto mais os verdadeiros chefes forem afastados das atividades políticas, que consistem principalmente, não em trabalho criativo e produção, mas no regatear e comprar os favores da maioria, tanto mais a atuação política descerá ao nível das mentalidades vulgares e tanto mais essas se sentirão atraídas para a vida pública.
Quanto mais tacanho for, hoje em dia, em espírito e saber, um tal mercador de couros, quanto mais clara a sua intuição lhe fizer ver a sua triste figura, tanto mais louvará ele um sistema que não lhe exige a força e o gênio de um gigante, mas contenta-se com a astúcia de um alcaide e chega mesmo a ver com melhores olhos essa espécie de sapiência que a de um Péricles. Além disso, um palerma assim não precisa atormentar-se com a responsabilidade de sua ação. Ele está fundamentalmente isento dessa preocupação, porque, qualquer que seja o resultado de suas tolices de estadista, sabe ele muito bem que, desde muito tempo, o seu fim está escrito: um dia terá de ceder o lugar a um outro espírito tão grande quanto ele próprio. Uma das características de tal decadência é o fato de aumentar a quantidade de "grandes estadistas" à proporção que se contrai a escala do valor individual. O valor pessoal terá de tornar-se menor à medida que crescer a sua dependência de maiorias parlamentares, pois tanto os grandes espíritos recusarão ser esbirros de ignorantões e tagarelas, como, inversamente, os representantes da maioria, isto é, da estupidez, nada mais odeiam que uma cabeça que reflete.
Sempre consola a uma assembléia de simplórios conselheiros municipais saber que têm à sua frente um chefe cuja sabedoria corresponde ao nível dos presentes. Cada um terá o prazer de fazer brilhar, de tempos em tempos, uma fagulha de seu espírito; e, sobretudo, se Sancho pode ser chefe, por que não o pode ser Martinho?
Mas, ultimamente, essa invenção da democracia fez surgir uma qualidade que hoje se transformou em uma verdadeira vergonha, que é a covardia de grande parte de nossa chamada "liderança". Que felicidade poder a gente esconder-se, em todas as verdadeiras decisões de alguma importância, por trás das chamadas maiorias!
Veja-se a preocupação de um desses salteadores políticos em obter a rogos o assentimento da maioria, garantindo-se a si e aos seus cúmplices, para, em qualquer tempo, poder alienar a responsabilidade. E eis aí uma das principais razões por que essa espécie de atividade política é desprezível e odiosa a todo homem de sentimentos decentes e, portanto, também de coragem, ao passo que atrai todos os caracteres miseráveis — aqueles que não querem assumir a responsabilidade de suas ações, mas antes procuram fugir-lhe, não passando de covardes pulhas. Desde que os dirigentes de uma nação se componham de tais desprezíveis, muito depressa virão as conseqüências. Ninguém terá mais a coragem de uma ação decisiva: toda desonra, por mais ignominiosa, será aceita de preferência à resolução corajosa. Ninguém mais está disposto a arriscar a sua pessoa e a sua cabeça para executar uma decisão temerária.
Uma coisa não se pode e não se deve esquecer: a maioria jamais pode substituir o homem. Ela é sempre a advogada, não só da estupidez, mas também da covardia, e assim como cem tolos reunidos não somam um sábio, uma decisão heróica não é provável que surja de um cento de covardes.

29 de outubro de 2017

O Descobrimento do Tibet

António de Andrade
O Descobrimento do Tibet (1921)

O padre jesuíta António de Andrade foi o primeiro europeu a chegar ao Tibete, em 1624. Voltou lá no ano seguinte, para estabelecer uma missão e escreveu várias cartas sobre a sua viagem àqueles confins asiáticos. A primeira foi publicada em Lisboa em 1626, com o título Novo Descobrimento do Gram Cathayo, ou Reinos de Tibet, e está disponível na Biblioteca Nacional Digital. A segunda, segundo afirma Esteves Pereira – o organizador desta edição patrocinada pela Academia das Ciências de Lisboa, em 1921 – ainda não fora, até à data da deste livro, publicada na íntegra. Entre 1626 e 1631, o Novo Descobrimento do Gram Cathayo foi traduzido para espanhol, italiano, francês, polaco e flamengo; a Carta Segunda, foi também traduzida em espanhol e italiano, em 1626 e 1628, respectivamente. A transcrição das cartas é mais ou menos fiel ao português do século XVII, e ainda hoje se consegue entender sem grandes dificuldades, tanto mais que certas formas foram adaptadas à ortografia que vigorava em 1921.
A viagem iniciou-se em Agra, no norte da Índia, e seguiu por Deli e Lahore, em direcção a Srinagar de Uttarakhand, e aos Himalaias, baseada na informação obtida junto dos mouros caxemirenses, segundo a qual existiriam reinos cristãos ao norte. Descreve ainda o antagonismo das autoridades locais perante estrangeiros que, não sendo mercadores, se tornavam suspeitos de espionagem, e as dificuldades da passagem pelas montanhas de neves perpétuas, com risco da própria vida. Depois das peripécias da viagem, chega enfim ao Tibete, onde é recebido pelo rei e pela rainha, que o tratam com benevolência. A carta refere-se depois à viagem de regresso e a um ataque ao reino acabado de visitar, por quatro reinos vizinhos, que os tibetanos, exímios guerreiros, repeliram com facilidade. A primeira carta termina com curiosas considerações sobre o Tibete e as suas gentes, que o jesuíta português considera promissoras quanto a uma futura evangelização.
A segunda carta faz um resumo da viagem anterior e prossegue com as considerações sobre as terras tibetanas e os seus reinos, usos e costumes, agora de modo muito mais pormenorizado. Descreve também as tentativas de conversão que António Andrade exerceu sobre o rei e a família real, bem como algumas discussões teológicas que manteve com os lamas tibetanos, e o modo como estabeleceu a missão nessa cidade de Chaparangue.

Tem estes Lamaz uarios costumes, dos quais apontarej breue mente algũs neste lugar. Em certo dia do anno jejuão, e chamão ao tal jejum Nhunâ, que quer dizer jejum de grande aperto, porque nelle não comem mais que hũa so uez, nem bebem o seu Cha, que pera elles he de grande mortificação. Neste dia não falão palaura, que formem com a lingua, mas por assenos se declarão; quando adoecem os animais, como caualos, vacas, e carnejros, etc. hũa casta destes Lamaz rezão sobre os ditos animais certas oraçõis polla menhã e a tarde, mas com os dentes fechados e na mesma forma falão com a gente sem os abrir em quanto dura a doença nos animais. Tem alguns outros dias de jejum, a que chamão Nhenâ, que quer dizer jejum ordinario, neste almoção duas vezes polla menhã; comem ao meyo dia carne, e tudo o mais que tem; da hi por diante comem doce, passas, leite, etc. e tudo em quanta quantidade querem, e achão que jejuão por não comerem carne, mais que hũa so uez; e bebem muitas o seu Cha, como nos outros dias, e dão por rezão, que o beber do Cha muitas vezes he couza muj agradauel a Deos, porque com elle se lhe fazem as linguas mais expeditas e promptas pera rezar.
Quando rezão costumão a tanger com trombetas de metal, mas entre ellas, uzão cada dia de outras feitas de braços e pernas de homens mortos; uzão tambem muito de contas feitas de cauejras, e perguntandolhe eu a rezão deste costume, respondeu o Lamâ Irmão del Rey, que uzauão das ditas trombetas quando fazião oração a Deos, pera que ouuindoas a outra gente, viesse em conhecimento do que muito cedo auia de uir a ser, e que polla mesma rezão rezauão por contas de ossos de mortos, e bebião por cauejras como por copos, posto que não tão de ordinajro, pera que não fosse menos frequente a lembrança da morte, que costuma concertar, e ordenar a uida, do que era o rezar pollas contas, que lha representauão de contino trazendoas entre mãos; e o beber pollas cauejras lhe seruia de gostarem menos das couzas da uida, antes lhe ficauão assim seruindo mais de triaga spiritual pera as almas contra os vicios e paixões da carne, que de sostentação corporal pera os corpos.
Não costuma a gente secular frequentar as suas Igrejas, que quasi sempre estão fechadas, sómente concorre a ellas em dous dias do anno, em que estão abertas, e então as correm três uezes em roda, e no cabo entrão a fazer reuerencia ás Imagens: os Lamaz as frequentão mais, porque no tempo dos frios por espaço de quatro ou sinco mezes, estão de contino nestes templos rezando hora em huns, hora em outros, por muitas horas, e nelles comem, e dormem; fazem grandes reuerencias neste tempo de sua oração, ajoelhandose (digo debruçando-se) muito a miude: o Canto he bem entoado, mas não aleuantão muito as uozes. No cabo concluem estas suas juntas com disputas solemnes, em que ha presidentes e defendentes, e tratasse sobre as cousas de seu liuro; ellas acabadas se recolhem a suas particulares estancias; mas primejro fazem uarias dansas polla terra uestidos com Quimões da China, com coroas na cabeça, toalhas nas mãos, ou campainhas, que tocão todos a compasso. O dansar he muito composto, e modesto; não entrão porem nestas danças, senão alguns Lamaz moços com outros, que aprendem pera o ser. Hũa uez disse eu ao Lama Irmão del Rey, que estranhaua entrarem Lamaz em danças ainda que mancebos, e que os nossos erão tão graues, que por nenhum cazo da uida se uerião nelles acção menos composta e indigna de seu estado: respondeu, que os seus Lamaz mancebos naquelle acto erão figura dos Anjos, que por isso leuauão coroas nas cabeças, e trajo differente; e que assim como nós os representauamos cantando e dançando (porque nesta forma os tinha uisto em certo painel do nacimento de Christo Senhor nosso), assim entrauão estes seus Lamaz em figura de Anjos.

24 de outubro de 2017

Nas Montanhas da Loucura

H. P. Lovecraft
Nas Montanhas da Loucura (1936)

Howard Phillips Lovecraft, hoje considerado como um dos mais carismáticos e influentes escritores de literatura fantástica do séc. XX, não publicou um único livro durante a sua vida (se descontarmos a péssima edição de The Shadow Over Innsmouth, em 1936). A sua obra – ensaio, uma novela, várias noveletas, contos e poesia – nem sempre impressa em revistas conhecidas, como a Astounding, a Amazing ou a Weird Tales, espalhou-se por edições amadoras ou jornais regionais, e parecia destinada ao esquecimento, após a sua morte prematura. O empenho dos escritores August Derleth e Donald Wandrei, pertencentes ao seu círculo de amigos e admiradores, resultou na criação da Arkham House, editora destinada inicialmente à publicação dos trabalhos de H. P. Lovecraft. Assim, os livros de Lovecraft são, por norma, colectâneas de contos, mais ou menos organizadas segundo os vários ciclos em que é possível dividir a sua obra.
Nas Montanhas da Loucura trata de uma expedição geológica e paleontológica ao continente antárctico, onde é destruída num ataque por seres primevos que encarnam o próprio mal. O relato é contado em retrospectiva, por um dos sobreviventes, como um apelo desesperado na tentativa de evitar novas incursões àquele continente. Descreve então a descoberta de uma interminável cidade ciclópica, abandonada e semiarruinada, em parte preservada pela camada de gelo glacial, velha de muitos milhões de anos, construída ao longo de eras geológicas por seres vindos do espaço, cuja história deixaram talhada em baixos-relevos omnipresentes nos salões, galerias e túneis que o narrador e um acompanhante percorreram, antes de fugir da ameaça de morte certa.
O tema das viagens ao continente desconhecido já o havia encontrado em Edgar Allan Poe (As Aventuras de Arthur Gordon Pym com o qual este livro partilha uma ligação) e Jules Verne (A Esfinge dos Gelos também relacionado com Arthur Gordon Pym) e, de forma algo diferente, em Vladimir Obrutchev (Terra de Sannikof e Viagem à Plutónia), uma vez mais, Verne (Viagem ao Centro da Terra) ou Arthur Conan Doyle (O Mundo Perdido). No entanto, H. P. Lovecraft é diferente de todos eles, pois traz uma dimensão de horror primordial e sobrenatural, que raramente passa das alusões veladas e das meias-palavras dos personagens, deixando à imaginação do leitor o trabalho de ligar os pontos para completar o desenho.
Os restantes três contos que compõem o livro – A Casa Abandonada, Os Sonhos na Casa Assombrada e O Depoimento de Randolph Carter – são, na minha opinião, mais próximos do horror à Edgar Allan Poe, e cruzam referências (remetem para particularidades de Mountains e também para títulos de outros contos que ainda não li) deixando entrever todo um universo mitológico que H. P. Lovecraft terá criado para os seus contos.

O efeito da visão monstruosa era indescritível, pois parecia fora de dúvida que em sua origem atuara alguma diabólica violação da lei natural. Ali, num altiplano infernalmente antigo, a nada menos de 6.000 metros de altitude, e num meio climático vedado à vida desde uma era pré-humana a não menos de quinhentos mil anos, estenda-se quase até o limite da visão um entrelaçamento ordeiro de pedras que só o desespero da legítima defesa mental poderia deixar de imputar a uma causa consciente e artificial. Havíamos descartado anteriormente, para todos os efeitos de cogitação séria, qualquer teoria de que os cubos e muralhas das encostas não tivessem origem natural. Como seria de outra forma, se o próprio homem mal poderia ser diferenciado dos grandes macacos à época em que aquela região sucumbira ao presente reino ininterrupto de morte glacial?
No entanto, agora a razão parecia irrefutavelmente abalada, pois aquele emaranhado ciclópico de blocos aplainados, recurvados e dispostos em ângulos possuía características que invalidavam todo e qualquer refúgio seguro. Era, com inescapável clareza, a cidade blasfema da miragem, numa realidade crua, objetiva e inelutável. Aquele prodígio maldito tivera, afinal, um fundamento material — uma camada horizontal de poeira de gelo pairara, suspensa, na atmosfera superior e aquela chocante sobrevivência de pedra havia projetado sua imagem para o outro lado das montanhas, obedecendo às leis simples da reflexão. O fantasma, naturalmente, chegara a nós distorcido e exagerado, exibindo, ademais, coisas que a fonte real não continha. Agora, porém, vendo-lhe a fonte real, nós a julgávamos ainda mais tétrica e ameaçadora que sua imagem distante.

13 de outubro de 2017

Música ao Longe

Érico Veríssimo
Música ao Longe (1935)

Sobre Música ao Longe, é o próprio Érico Veríssimo quem, no Prólogo, datado de 1961, o considera um livro medíocre, apressado (foi escrito em menos de um mês para concorrer a um prémio literário), embora não desprovido de méritos. O tema, diz, poderia ter comportado uma certa grandiosidade, e a história exigia um tratamento sério e de certa profundidade. A razão disto, segundo o autor, deve-se ao facto de ter recorrido ao diário da jovem Clarissa, sem experiência suficiente para avaliar o drama da família, nem para compreender as suas causas profundas.
Clarissa é a mesma personagem do livro de 1933, agora regressada a Jacarecanga como professora recém-formada. O drama da sua família – os Albuquerques, outrora poderosos e ilustres –, mais do que o aperto financeiro, pois o pai perdeu terras e gado, restando-lhe apenas a casa que acabará por hipotecar, é também o da decadência física e moral dos seus parentes. Música ao Longe é o confronto do desencanto pessoal de Clarissa, a jovem adulta na posse de um novo entendimento, vertido no diário, com os dias despreocupados da sua infância. São os horizontes estreitos da sua terra, que lhe prometem uma vida para a qual não consegue encontrar sentido, e Vasco, o primo considerado a ovelha-negra da família que aguarda o momento certo para partir dali. Entre os dois nascerá uma certa cumplicidade, originada no entendimento mútuo e no desconforto que a ambos assola.
Este livro acabou por ganhar o Prémio de Romance Machado de Assis, instituído em 1934, ao qual concorreu; se todos os livros “medíocres” fossem como este, certamente não ficávamos mal servidos.

Nicolina entra trazendo os pires com compota de pêssego.
— Não tem outra sobremesa? — pergunta João de Deus.
— Esta é a única.
— Por que não mandas buscar uma goiabada ali no Café do Pires?
O olhar de D. Clemência é uma resposta eloquente. João de Deus compreende.
— Ele também não quer fiar?
A mulher sacode afirmativamente a cabeça.
João de Deus empurra o prato, amarfanha o guardanapo com uma expressão de raiva na cara bronzeada, ergue-se de repente e começa a passear dum lado para outro, resmungando:
— Corja! Me negarem crédito... Logo pra mim! Pra mim!
Cleonice, de cabeça baixa, come a sua compota. D. Clemência olha para o marido. Clarissa nem ousa erguer os olhos.
Como uma fera enjaulada, João de Deus caminha da mesa até a janela, com as mãos nos bolsos e a cabeça baixa. Vai e volta, de lá pra cá, de cá pra lá...
— Patifes! O velho Olivério já matou a fome de toda essa cachorrada e agora um filho dele não tem crédito nem para uma lata de goiabada! Patifes!
D. Clemência sacode a cabeça abandonadamente. Cleonice pede mais uma metade de pêssego.
— O Pires! — continua a resmungar o bisneto do general Zé Pedro. — O Pires que andava de roupa rasgada. Papai chamou ele, deu casa, deu comida e depois ainda por cima emprestou dinheiro pra esse ordinário se estabelecer. Sim senhor! Hoje vai-se buscar uma lata de goiabada e ele diz: "Não se fia!" O Pires!
— Mas, João de Deus — observa a mulher — o coitado tem razão, já devemos cinco meses de fornecimento, também o homem não pode viver de promessas...
João de Deus estaca de repente. Olhos chispantes, ele cresce para a mulher:
— Tu também? Dando razão àquele porco? Era só o que faltava! O Pires!

Li anteriormente:
Caminhos Cruzados (1935)
Clarissa (1933)
Olhai os Lírios do Campo (1938)